Cómo juega Austria y por qué puede ser un rival más incómodo que Argelia para Argentina
Presión asfixiante, transiciones rápidas y líneas adelantadas: las fortalezas y debilidades del próximo adversario de la "Scaloneta".

Resumen para apurados
Argelia esperó, Austria no lo hará. Esa es la primera gran diferencia que encontrará Argentina este lunes en Dallas. Y quizá también el primer problema que deberá resolver Lionel Scaloni.
Porque si el debut fue un ejercicio de paciencia contra un equipo que se refugiaba cerca de su arquero, el segundo partido promete algo muy distinto. Más incómodo, mucho más físico y más parecido a esos cruces europeos en los que nadie concede ni un metro.
Austria no especula. El equipo dirigido por el alemán Ralf Rangnick juega como vive: acelerado. Presiona alto, ahoga la salida rival y, cuando recupera, sale disparado. No necesita largas secuencias de pases para buscar el arco contrario. Su idea es sencilla: recuperar y atacar, lo más rápido posible.
En el fútbol actual, pocos seleccionados son tan fieles a una identidad. Eso puede ser una ventaja, pero también una condena. Porque esa presión feroz tiene un costo y si la primera línea es superada, detrás aparecen espacios. Muchos espacios.
Justamente ahí empieza otro partido, uno que puede favorecer a Argentina.
David Alaba aporta jerarquía, Marcel Sabitzer y Konrad Laimer representan el despliegue permanente, y arriba aparece la experiencia de Marko Arnautovic. Pero Austria no depende de las individualidades. Su figura es el sistema, la estructura, el funcionamiento colectivo.
El 3-1 frente a Jordania en el debut dejó algunas señales. Los europeos se adelantaron con autoridad, pero sufrieron cuando el partido se volvió desordenado. Jordania encontró espacios, empató y obligó a Austria a sufrir. El triunfo terminó llegando por una desafortunada acción en contra y un penal en tiempo de descuento. Ganó con justicia, pero dejó la sensación de ser un equipo intenso, peligroso pero, al mismo tiempo, vulnerable. Y ahí es donde aparece la verdadera batalla.
Porque Austria buscará empujar a Argentina al error. Querrá que los centrales jueguen incómodos, que Rodrigo De Paul y Enzo Fernández reciban presionados y que Lionel Messi tenga poco tiempo para pensar.
Por eso la pregunta que queda flotando es quién impondrá su ritmo. Si Argentina consigue salir limpia desde el fondo, el partido puede abrirse. Porque la presión austríaca deja metros detrás. Y esos metros son territorio ideal para Julián Álvarez, Lautaro Martínez o Thiago Almada. Incluso para Messi, que disfruta más cuando encuentra rivales corriendo hacia su propio arco que cuando tiene 10 camisetas esperándolo dentro del área.
La clave para Argentina, entonces, probablemente no sea jugar rápido ni apurado. Scaloni suele repetir que una cosa no necesariamente lleva a la otra, y acaso esa frase explique gran parte del partido.
Porque Austria buscará convertirlo en un intercambio de golpes. Llevarlo al vértigo, al ida y vuelta, a un terreno en el que la presión y la intensidad valen tanto como el talento.
Argentina, en cambio, intentará otra cosa. Deberá pensar; porque cuando dos equipos quieren atacar, cuando los dos quieren correr y ninguno está dispuesto a esperar, generalmente no gana el que corre más. Gana el que elige mejor, y justamente ese ha sido uno de los grandes secretos de la Selección de Scaloni.


