Perdón, pero esto no ha sido todo
Creemos haberlo visto todo. Qué soberbios. Qué ingenuos. Qué irrespetuosos.A falta de títulos mundiales, allá, en los tiempos dorados de "la nuestra" como esencia del potrero nacional, ganábamos…

Creemos haberlo visto todo. Qué soberbios. Qué ingenuos. Qué irrespetuosos.
A falta de títulos mundiales, allá, en los tiempos dorados de "la nuestra" como esencia del potrero nacional, ganábamos Copas América como quien junta caramelos. Creíamos haberlo visto todo.
Y un día de 1953 Ernesto Grillo les marcó un gol maravilloso a los ingleses en la cancha de River. Fue como matar al padre-inventor de la pasión, así que se instituyó al 14 de mayo como Día del Futbolista. Creíamos haberlo visto todo.
Entonces apareció un tal Alfredo Di Stéfano, y luego un tal Enrique Omar Sívori. Ambos conquistaron Europa y nuestra almita gaucha se insufló de orgullo. Creíamos haberlo visto todo.
Fuimos al Mundial del 66, perdimos con los locales en Wembley, denunciamos un robo histórico y nos autocoronamos campeones morales. De paso, Antonio Rattín profanó la alfombra reservada para la reina de Inglaterra. Creíamos haberlo visto todo.
Claro, llegó el 78. Fillol, Passarella y Kempes. Menotti. Los papelitos eternos. El grito desatascado tras una vida de espera. Aquel país que encontraba en la cancha la paz y la alegría que no existían afuera. De la agonía del tiro en el palo de Rensenbrink al éxtasis, guiados por el "Matador", en aquella final de locos. La Copa. La primera. Creíamos haberlo visto todo.
Pero faltaba Diego. Todo Diego: el marginado en el 78, el frustrado del 82, el extraterrestre del 86, el épico del 90, el calvario del 94. La desmesura maradoniana, esplendorosa en el Azteca, argentinísima en Italia, vigente hasta el último día, llegó al extremo de regir el mercurio del termómetro nacional. La vorágine de Diego fue la vorágine argentina, Creíamos haberlo visto todo.
Hasta que descubrimos que en Barcelona un pibe "la rompía". ¿Messi? ¿Quién es? ¿De dónde salió? Era real. Y no es que "la rompía", hacía cosas infinitamente más bellas e inimitables que "romperla". Y ahí nos sumergimos, en otra vorágine... Pero distinta, con otro guión, con otra música. Para ser excepcionales, las leyendas no pueden repetirse. Creíamos haberlo visto todo.
Pasó el 2006 sin gloria, el 2010 a pura confusión, el 2014 con la celebración congelada en el último suspiro, el 2018 de la vergüenza, y más finales perdidas, y más ruegos al cielo sintetizados en un reproche: ¿hasta cuándo? Hasta Scaloni y el milagro de la multiplicación de las consagraciones y de los goles. Rodeado de notables escuderos, el pibe que "la rompía en Barcelona" encontró su destino en Qatar. Creíamos haberlo visto todo.
Alguien supuso que la despedida sería plácida, cálida, propia de un casi cuarentón más propenso a cuidar los hijos que a exigir el cuerpo. Entonces el hat-trick contra Argelia. Entonces esta siesta en Dallas. Entonces la interminable retahíla de récords derribados con la sonrisa dibujada. Y creemos haberlo visto todo.
¿Hasta dónde llegará la Selección? Quién sabe. Puede que muy lejos, puede que no. El Mundial es una caja tan compleja que ni Pandora llega a comprenderla y por eso la deja en manos de gente como Lionel Messi. Lo único seguro es que la Copa se define por detalles. Y para eso está él.
Qué lindo es redescubrir, en días como estos, que la vida se empecina en regalarnos momentitos de felicidad. Recortes que valen para siempre. Qué lindo es recuperar la mirada de niños para encandilarse con el fulgor de lo que está por venir. Sin la absurda arrogancia de quien cree haberlo visto todo.


