Maradona y la Fuerza de los Débiles
Cada Mundial revive inevitablemente el debate sobre la leyenda de Diego Maradona. Su talento técnico era evidente para cualquiera que lo viera jugar. Sin embargo, Maradona fue mucho más que un futbolista extraordinario. Lo que lo distinguió incluso de otras leyendas del deporte f…

Por Christodoulus Stefanadis para LA GACETA / Atenas
La singularidad de Diego Maradona residió en una voluntad inquebrantable para enfrentar adversarios más fuertes y una capacidad única para conducir a los débiles hacia victorias que parecían imposibles.
Su paso por el Napoli ilustra mejor que ningún otro episodio esta característica. A diferencia de otros grandes futbolistas que triunfaron rodeados de planteles repletos de estrellas, Maradona logró transformar a un equipo históricamente periférico en campeón de Italia frente a equipos con organizaciones deportivas mucho más poderosas. Lo hacía, además, con evidente satisfacción. Parecía disfrutar especialmente cuando lograba derrotar al favorito y otorgar una victoria inesperada al más débil.
Quizás por eso, aunque Maradona fue admirado y respetado en todo el mundo, fue adorado de manera particularmente intensa en América Latina, el sur de Europa y otros lugares donde las economías no logran utilizar o incluir a amplios sectores de la población. Estos sectores han sentido históricamente que las oportunidades, la influencia o el reconocimiento estaban distribuidos de manera desigual, y las probabilidades estaban injustamente en contra de los más desfavorecidos.
Tales economías tienden a ser tanto más pobres como menos justas. Por ejemplo, los economistas ganadores del Premio Nobel Daron Acemoglu, Simon Johnson y James Robinson sostienen que las sociedades prosperan cuando cuentan con instituciones inclusivas, capaces de ofrecer oportunidades amplias e imponer reglas relativamente justas para todos. En ese contexto, prevalece el Estado de Derecho y el éxito individual de cada persona contribuye al bien común a través de la innovación y la competencia (en una dinámica semejante a la famosa "mano invisible" de Adam Smith). En cambio, cuando las instituciones son ineficientes o extractivas, el éxito individual se desvía del bien común porque depende excesivamente de privilegios, conexiones políticas o posiciones heredadas. Estas economías frecuentemente fallan, y muchos ciudadanos perciben una exclusión o falta de acceso adecuado a las oportunidades.
Impacto especial
Aunque Maradona no resolvió ninguno de estos problemas, lograba producir algo extraordinario. Durante los 90 minutos de cada partido, millones de personas que se sentían relegadas por instituciones económicas ineficientes experimentaban una sensación opuesta. El débil derrotaba al poderoso. El excluido se convertía en protagonista. El resultado parecía demostrar que el orden establecido no era invencible.
Por eso su figura trascendió ampliamente el deporte. No resulta casual que en sociedades donde las instituciones funcionan razonablemente bien, su genialidad técnica parecía convivir con una mayor atención hacia sus excesos personales, su indisciplina o sus contradicciones. En cambio, en grandes partes del mundo que cuentan con instituciones ineficientes e injustas, esas debilidades personales parecían quedar muchas veces eclipsadas por lo que representaba simbólicamente. Maradona no era solamente un gran jugador. Era alguien que demostraba que un resultado negativo y aparentemente inevitable podía revertirse.
Su legado, por lo tanto, no pertenece únicamente a la historia del fútbol. Maradona se convirtió en una suerte de institución simbólica e informal para quienes sentían que las instituciones formales no siempre los incluían plenamente. Quizás allí resida la verdadera explicación de su vigencia. Más que goles o campeonatos, Maradona dejó una poderosa aspiración colectiva. Representó la esperanza de vivir en sociedades donde nadie necesite un héroe para sentirse incluido, porque las propias instituciones ya cumplen esa función.
© LA GACETA
Christodoulos Stefanadis - Doctor en Economía de la Universidad de Nueva York, profesor de Economía en la Universidad del Pireo, Grecia.


