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La escuela de El Duraznito se transformó en una tribuna para alentar a la Selección

Con camisetas, caras pintadas y pizzas caseras, los alumnos y docentes de la institución rural hincharon por Argentina.

Micaela Pinna Otero4 min de lectura
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La escuela de El Duraznito se transformó en una tribuna para alentar a la Selección
La escuela de El Duraznito se transformó en una tribuna para alentar a la Selección

Resumen para apurados

La jornada lectiva de hoy fue muy distinta a la rutina habitual. Las corridas por el patio estaban presentes, pero esta vez las mochilas quedaron arrinconadas en las aulas y, por un momento, las conversaciones dejaron de girar alrededor de las tareas pendientes. En la escuela rural de El Duraznito, en Los Nogales, alumnos y docentes armaron su propia fiesta mundialista para acompañar a la selección argentina en su segundo partido en La Copa del Mundo 2026.

La institución está ubicada a 18 kilómetros del microcentro tucumano y recibe a 44 estudiantes secundarios que viajan todos los días desde Las Salinas, La Granja y Las Cañitas. A diferencia de otras escuelas rurales, los adolescentes reciben un modelo pedagógico mediado por las TICs. El coordinador, Jorge Quinteros Nelle, organiza las actividades y clases que cada docente envía a través de Classroom y otras plataformas digitales desde la sede central, en Capital. De esta manera garantizan que el dictado de los contenidos pueda darse sin interrupciones ante cualquier adversidad, como dificultades climáticas y problemas de transporte.

En esta ocasión, teniendo en cuenta la pasión de sus alumnos por los partidos de la celeste y blanca en el Mundial, desde la Dirección de Educación Secundaria del Ministerio de Educación, decidieron brindarles una nueva aventura a los chicos y proyectar el partido desde el centro educativo. Pero no fue una simple transmisión, sino un festejo en el que todos quedaron satisfechos.

Un kilómetro antes de la puerta de entrada la bienvenida ya se percibía con banderines colgados que se encargaban de marcar el camino. A medida que el recorrido se acortaba, la ornamentación era mayor. Banderas, guirnaldas, escarapelas, globos y flores celestes y blancas copaban cada rincón de la escuela. La situación lo ameritaba. Los chicos se venían preparando hace días para vivir esta experiencia.

Con las caras pintadas y las camisetas de la selección reemplazando el uniforme, los adolescentes fueron llegando, sin que la lluvia y el frío que anunciaba la llegada del invierno fueran un obstáculo para ellos. Ninguno quería perderse esta fiesta.

"Hoy voy a cambiar mi cábala. El Mundial anterior lo vi con mi papá y mi hermana en la calle de mi casa. Después me mudé y lo vi en la casa de mi abuela y ahora acá. Para no romperla del todo me traje esta bandera y la voy a usar en la cabeza como en los partidos viejos", dijo Javier Elías Ruiz mientras terminaba de comer. Hoy el menú fue diferente al de los otros días. El guiso de lentejas, el wok de pollo, las hamburguesas y las supremas fueron reemplazadas por pizzas caseras. "Era una ocasión especial", contaron entre risas Valeria Valdéz, Lourdes Vizcarra y Luna Brígida, las encargadas de la cocina, que estuvieron desde las 6.30 preparando el banquete.

En la espera del partido un grupo de estudiantes terminaba de agregar banderas argentinas en los rostros de sus compañeros, mientras otros palpitaban el resultado. "Hoy ganamos 2 a 0". "Para mí 3 a 0 con goles de Julián y Nico Paz", debatían Agustín Figueroa y Kevin BenjamínBelmonte, alumnos de segundo año.

Todos los alumnos estaban emocionados, pues era la primera vez que tenían la oportunidad de compartir un Mundial en la escuela. "Me gusta estar acá y vivirlo con los profesores, con mis amigos y con los chicos que recién entran al secundario. La pasamos bien todos juntos", manifestó Alexander Colque, estudiante de cuarto año.

Cinco minutos antes de que comenzara el juego se ubicaron en sus lugares. El zoom de la escuela se convirtió en una extensión de las tribunas del AT&T Stadium de Dallas.

Como si fuera un acto escolar, apenas se escucharon los primeros acordes del Himno, todos se pararon firmes y entonaron sus estrofas. La postura duró lo mismo que la canción y se sumaron al final de la melodía con vuvuzelas, aplausos y gritos de aliento.

Al igual que en una sala de cine, el primer tiempo transcurrió mientras comían tutucas, turrones y bebían jugos de naranja. Cada uno lo vivió de forma diferente. Algunos miraban como estatuas la pantalla, otros temblaban, y también estaban quienes cuchicheaban con sus amigos lo que iba sucediendo.

Después de renegar con el penal y los goles errados, minutos antes de que finalizara la mitad del partido festejaron el primer punto de la "Albiceleste" de la mano de Lionel Messi. Todos celebraron eufóricamente mientras eran arengados por los docentes, que no dudaron ni un segundo en sumarse a la fiesta.

Apenas inició el entretiempo los chicos salieron corriendo al patio exaltados por el resultado. "Yo soy Messi y vos sos el Dibu", se decían los alumnos más pequeños mientras improvisaban jugadas con un globo durante el entretiempo.

La última parte del partido transcurrió entre mates compartidos, tazas de café que repetían los profesores y susurros que cada vez eran más fuertes. La impaciencia final se notaba en el ambiente y lo único que pudo calmarla fue el segundo gol del "10" en los minutos finales.

Junto con los gritos de alegría, en el aire volaron papeles celestes y blancos que cubrieron abrazos y saltos que festejaban el nuevo triunfo de la Selección. Todos contentos y sin chistar regresaron a las aulas a continuar su jornada lectiva mientras cantaban e hinchaban por su país.

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Información basada en una publicación de La Gaceta. El Radar Tucumán reversiona y contextualiza la nota.
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