Francia: más de 130 detenidos en marchas contra el costo de vida
Entre 410.000 y casi 800.000 personas marcharon en Francia contra el costo de vida. La jornada dejó más de 130 detenidos y enfrentamientos con la Policía.

Entre 410.000 y casi 800.000 personas marcharon en Francia contra el costo de vida. La jornada dejó más de 130 detenidos y enfrentamientos con la Policía.
Entre 410.000 y casi 800.000 personas se movilizaron este sábado en distintas ciudades de Francia, según el gobierno y el sindicato CGT, contra el aumento del costo de vida y en apoyo a los estudiantes de los liceos, en un clima de máxima tensión por los incidentes registrados hace una semana. Las movilizaciones fueron en respuesta a la convocatoria de los chalecos amarillos y agrupaciones estudiantiles, en un clima de máxima tensión tras los incidentes registrados hace una semana.
El gobierno de Emmanuel Macron, que dejará el poder en mayo, intentó evitar nuevos episodios de caos con un masivo despliegue policial y la prohibición de varias manifestaciones. Las protestas fueron en su mayoría pacíficas, pero cuando terminaban hubo disturbios en París, Lyon, Burdeos y otras ciudades. En varios de esos lugares, la policía usó gases lacrimógenos y cañones de agua para dispersar a los manifestantes. Los enfrentamientos entre los manifestantes y la policía dejaron un saldo de más de 130 detenidos.
Según el ministro del Interior, Laurent Nuñez, hubo 135 detenidos y las fuerzas de seguridad incautaron objetos como bolas de metal, fuegos artificiales y hasta una katana.
En París, Marsella y otras ciudades se autorizaron marchas contra el aumento del costo de vida y en apoyo a los estudiantes que reclaman mejores condiciones en los liceos.
Sin embargo, en la capital, el recorrido de la marcha fue modificado a último momento: en vez de salir de la simbólica plaza de la Bastilla, los manifestantes debieron reunirse en una zona más alejada, cerca de la autopista periférica. Según la prefectura de Policía, marcharon 110.000 personas, y según la CGT, 250.000. Al final de la concentración en la puerta de Vincennes, en el sureste de la ciudad, la policía usó cañones de agua para dispersar a un grupo que le tiraba objetos.
En la capital, el operativo de seguridad incluyó 70.000 agentes, unidades de élite, soldados de la misión Sentinelle, blindados, helicópteros y patrullas en puntos clave.
Las autoridades atribuyeron los disturbios de la semana pasada a "grupúsculos de ultraizquierda" —antifascistas, anarquistas y anarco-autónomos— y a "delincuentes oportunistas", en su mayoría jóvenes de los suburbios, que aprovecharon para saquear comercios.
Para retomar el control, el gobierno decretó toques de queda nocturnos en barrios de grandes ciudades y prohibió manifestaciones, salvo las solicitadas por actores "legítimos" como los sindicatos.
Bajo un cielo gris y frío otoñal, miles de personas —en su mayoría jóvenes— marcharon en París con pancartas que decían "Macron, al rincón" y "No esperábamos nada y aun así estamos decepcionados", mientras se escuchaban cánticos como "Macron renuncia" y "Todo el mundo odia a la policía".
El comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Michael O'Flaherty, pidió a los países europeos afectados por protestas —incluyendo Francia, España, Italia y Albania— que respeten el derecho a manifestarse y prioricen la "desescalada" en los operativos policiales.
El temor a nuevos disturbios llevó a que blindados de la Gendarmería custodiaran el Palacio del Elíseo y la Asamblea Nacional.
Muchos comerciantes protegieron sus locales con tablones, algunos decidieron no abrir y otros se prepararon para defender sus negocios ante posibles saqueos. El sábado pasado, casi 3000 comercios resultaron afectados en todo el país.
Además, museos emblemáticos como el Louvre, Orsay, Picasso y la Ópera de París cerraron de manera excepcional.
En medio de la crisis, el gobierno recibió una señal positiva: la agencia Moody's mantuvo la calificación de la deuda soberana francesa, confiando en que el país logrará aprobar su presupuesto de ajuste fiscal para 2027 y que las tensiones sociales se calmarán en los próximos meses.
Tras las protestas de la semana pasada, que reunieron entre 550.000 y 800.000 personas, y las de este sábado, el movimiento de los chalecos amarillos —que ya había sacudido el primer mandato de Macron en 2018 y 2019— anunció una nueva movilización para dentro de siete días, en rechazo a lo que consideran una "deriva autoritaria".
Además, las principales centrales sindicales convocaron una huelga general para el 5 de noviembre porque consideran que el gobierno no responde a los reclamos sociales. El líder de la izquierda radical Jean-Luc Mélenchon le pidió a Macron que "ceda" porque, "después, no le quedará más que la puerta de salida". El gobierno tiene previsto anunciar medidas para los estudiantes de los liceos el lunes.
