Saltar al contenido
En vivo
Las tarifas eléctricas escalaron hasta 10 veces en dos años, mientras que los servicios se deterioraronEcuador no encontró el nocaut y Curazao celebró un empate con sabor a hazaña en el Mundial 2026Por qué el aburrimiento estratégico es beneficioso para el cerebroCómo la inflación y la hiperconectividad cambiaron las relaciones extramatrimoniales en ArgentinaCity Market: el mercado donde nació Kansas City que late a pasos del hogar de la SelecciónBélgica e Irán se juegan una final anticipada entre polémicas y restriccionesLa memoria se mudó a la nube: cómo el "Efecto Google" está cambiando la forma en que pensamosEspaña no tiene margen: busca reaccionar ante Arabia Saudita y recuperar terreno en el MundialNueva Zelanda y Egipto buscan romper una maldición histórica en el Mundial 2026Uruguay enfrenta a Cabo Verde con la obligación de ganar y una duda clave para BielsaLas tarifas eléctricas escalaron hasta 10 veces en dos años, mientras que los servicios se deterioraronEcuador no encontró el nocaut y Curazao celebró un empate con sabor a hazaña en el Mundial 2026Por qué el aburrimiento estratégico es beneficioso para el cerebroCómo la inflación y la hiperconectividad cambiaron las relaciones extramatrimoniales en ArgentinaCity Market: el mercado donde nació Kansas City que late a pasos del hogar de la SelecciónBélgica e Irán se juegan una final anticipada entre polémicas y restriccionesLa memoria se mudó a la nube: cómo el "Efecto Google" está cambiando la forma en que pensamosEspaña no tiene margen: busca reaccionar ante Arabia Saudita y recuperar terreno en el MundialNueva Zelanda y Egipto buscan romper una maldición histórica en el Mundial 2026Uruguay enfrenta a Cabo Verde con la obligación de ganar y una duda clave para Bielsa
El Radar Tucumán
Trending

Divididos por el Indio

Divididos por el Indio

Redacción3 min de lectura
CompartirWhatsAppXFacebook
Divididos por el Indio
Divididos por el Indio

Estábamos divididos por la felicidad o, más bien, por la abundancia. Por eso nos dábamos el lujo de alimentar rivalidades absurdas, de esas que tanto le convienen a la industria discográfica.

"Y ya lo ve, y ya lo ve; es para el Indio que lo mira por tevé", cantaba el público en los shows de Soda Stereo. "Luca no se murió, Luca no se murió; que se muera Cerati, la puta madre que lo parió", respondían los seguidores de los Redonditos de Ricota, y de otros grupos de sonido rockero, en sus recitales.

La cartelera de un fin de semana cualquiera de mediados de los 80 era un escándalo. Teníamos para elegir entre los shows de Los Abuelos de la Nada, Sumo, Charly, el Flaco, Soda, Los Redondos, Pappo, Virus o Fito. Y además de los grandes nombres, había unas segundas líneas que no desentonaban en toda clase de subgéneros, desde el ska hasta el punk rock.

Cuando finalmente salió a la superficie ese movimiento subterráneo, guerra de Malvinas mediante, la fragmentación fue irreversible y las grietas musicales, insalvables. Paz, amor y naranjazos para todo aquel que no nos gustara.

Dentro de esa grieta mayor había muchas otras, como la que separaba a los que seguían a los Redondos de los que preferíamos a Sumo. Sonido más moderno, inspirado en la new wave británica; letras comprensibles y, por supuesto, el exótico Luca Prodan al frente, aunque debo reconocer que los Redondos eran mucho más originales. Realmente no se parecían a nadie y eso, en un país periférico, es un mérito.

Antes, en los 70, las aguas se partían de manera más simple. De un lado, la dictadura militar, sanguinaria y mojigata; del otro, el rock nacional, categoría muy amplia en la que los medios de la época metían de todo y que crecía fuera del mainstream. Resistencia más generacional que política, o al menos eso nos hacían creer. "Bronca sin fusiles y sin bombas, bronca con los dos dedos en V", dirían Pedro y Pablo.

Algunos medios fogoneaban el antagonismo entre el Flaco y Charly, aunque era casi un juego. Quizás uno parecido al que el Indio solía jugar en dosis homeopáticas, como en Música para pastillas ("Rockeros bonitos, educaditos, con grandes gastos, educaditos"), en donde contraponía el espíritu rebelde del indie a la liviandad del pop.

Una vez que la democracia se sintió más o menos asegurada, el desafío a la moral y las buenas costumbres que pretendían practicar quienes ejercían el poder por la fuerza fue decayendo. En una parte del rock, mutó hacia un mayor grado de compromiso político, ya sin la ambigüedad obligada por la dictadura. El paso del tiempo también provocó otra obsolescencia, la de la brecha generacional. Padres e hijos empezaron a escuchar la misma música.

El rock nacional operó políticamente casi desde el principio, pero caída la lucha por la libertad, colectiva o personal, todo se hizo más visible.

Derivamos así en esta era extraña en la que se mide a los artistas por su posicionamiento político más que por su arte. Un insulto para la cultura universal del rock, que en sus orígenes recelaba del poder e invitaba a pensar por uno mismo. Otros tiempos.

En ese contexto llegó la muerte de Carlos Alberto Solari, para dividir al público de nuevo entre quienes lo veían como un semidiós y los que no querían escuchar su música por su militancia o por el discurso inconsistente con su fortuna personal, contradicción que el rock jamás resolvió en ninguna época ni lugar.

Se fue el Indio, marcando un antes y un después, como todos los personajes que hacen historia. El día anterior, la imagen tridimensional de Gustavo Cerati volvía a llenar un estadio "junto" a sus excompañeros gracias a la realidad virtual. Y volvió a hablarse de la legendaria rivalidad, como si aún viviéramos en la era dorada del rock nacional, una ilusión tan potente y agridulce como el fantasma del líder de Soda Stereo sobre el escenario del Movistar Arena.

#cultura#divididos#por#indio#nid17062026#buenos aires + caba
Información basada en una publicación de La Nación. El Radar Tucumán reversiona y contextualiza la nota.
CompartirWhatsAppXFacebook

Seguí en el radar