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Chuparse el dedo: el "mecanismo de control de estrés" de los niños y cuándo preocuparse

El hábito nace en el útero. Los psicólogos infantiles coinciden en que los accesorios externos funcionan mejor si se presentan como un "ayudante".

Mariana Apud3 min de lectura
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Chuparse el dedo: el "mecanismo de control de estrés" de los niños y cuándo preocuparse
Chuparse el dedo: el "mecanismo de control de estrés" de los niños y cuándo preocuparse

Resumen para apurados

Regañar a un niño que se chupa el dedo está desaconsejado por los pediatras. Los bebés nacen con un reflejo de succión muy fuerte. De hecho, muchos ya se chupan el dedo dentro del útero materno. Es un mecanismo evolutivo esencial para poder alimentarse (tomar la teta o la madera) por lo que no es algo fácil de dejar.

Así que hay que ayudar a los pequeños, no castigarlos o humillarlos. Los especialistas de la Cleveland Clinic de Ohio (Estados Unidos) sostienen que "un enfoque punitivo no va a funcionar con la mayoría de los niños" y proponen centrarse en elogiar los momentos en que el niño no se chupa el dedo. Según la prestigiosa clínica, la mayoría de los niños lo abandonan por propia voluntad entre los 2 y los 4 años, aunque cuando continúa con frecuencia o intensidad puede requerir intervención para evitar cambios dentales y problemas funcionales.

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Los psicólogos infantiles y odontopediatras coinciden en que los accesorios externos funcionan mejor si se presentan como un "ayudante" o "guardián" del dedo, involucrando al niño en la elección, por ejemplo, eligiendo el color del protector. El accionar desde el útero genera una sensación de seguridad, calma y placer. Fuera de la panza es lógico que se mantenga o se busque una alternativa

Les ayuda a conciliar el sueño, a tranquilizarse cuando están aburridos, cansados, asustados o cuando extrañan a sus cuidadores. Es, literalmente, su propio "mecanismo de control de estrés".

Si el hábito persiste pasados los 4 años o se observa que la forma de sus dientes está cambiando, lo ideal es hacer una consulta con el odontopediatra para que evalúe la situación y los guíe con estrategias respetuosas para ayudarlo a dejarlo. Al principio, no. Durante los primeros dos o tres años de vida, por lo general no representa ningún peligro para su desarrollo.

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Existen varios accesorios y dispositivos diseñados específicamente para ayudar en la transición. Por un lado están los que sirven como barrera física externa y los dispositivos dentales, con un poco más de complejidad logística, que coloca un odontopediatra si el hábito está muy arraigado. Los dispositivos externos, son ideales como primer paso porque no son invasivos y sirven para romper el "automatismo" (el acto inconsciente de llevarse el dedo a la boca, sobre todo al dormir).

Los protectores de pulgar de silicona o plástico son una buena opción. Las fundas semirrígidas que cubren el dedo gordo y se ajustan a la muñeca con una pulsera. Al ser de plástico blando, rompen el vacío de la succión, no se siente el placer de succionar la piel y actúan como un recordatorio visual para el niño.

Vienen guantes de algodón diseñados exclusivamente para dejar el hábito, dejando el resto de la mano libre pero cubriendo el pulgar con telas de colores o dibujitos atractivos. Al perder el contacto directo de la piel con el paladar, el estímulo placentero desaparece.

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El odonteperapeuta debe intervenir cuando el hábito persiste si el niño ya tiene más de cuatro o cinco años, hay daño en la mordida o los métodos anteriores no funcionaron. También aconsejaron enseñar otras formas de autorregulación. La logopeda, Meghan Mingee, especialista en diagnosticar trastornos de la comunicación, describió la succión como un acto "rítmico y relajante" que ayuda a regular el sistema nervioso, y planteó ofrecer alternativas como respiración profunda, un peluche, una manta favorita o rutinas de calma. También es recomendable hablar del tema con niños pequeños y preescolares en términos simples, vinculando el esfuerzo por dejarlo con el cuidado de la sonrisa y la llegada de los dientes definitivos.

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Información basada en una publicación de La Gaceta. El Radar Tucumán reversiona y contextualiza la nota.
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