Betina González: "Vivimos una época en la que parece que las palabras no significan nada"
A veinte años del Premio Clarín Novela con Arte menor, acaba de publicar Un amor sin futuro (Tusquets), donde una profesora universitaria que pasó los cincuenta años se permite una relación con un joven treinta años más joven. La novela habla sobre el amor en tiempos de devaluaci…

Por Flavio MogettaPara LA GACETA - BUENOS AIRES
-El amor, cuando aparece, implica correr riesgos como les sucede a los protagonistas de la novela, riesgos que también corre quien se adentra en la escritura.
-Sí, creo que la escritura sin riesgo para mí no existe. Entiendo que puede haber gente que quiere ir a lo seguro o tener una fórmula para un best seller y entonces repite, pero a mí me gusta que cada libro sea diferente o por lo menos sentir que es diferente, que estoy tratando de hacer algo distinto con la forma literaria. En este libro, el riesgo tiene que ver con una novela muy corta, contada de un modo muy fragmentario e intervenida también por algo muy del orden del ensayo.
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-Aparecen todo el tiempo las referencias al oficio de escribir y también las de enseñar a escribir, ¿no?
-Eso fue surgiendo por darle a la protagonista esa profesión. Me resultaba fácil porque es una novela en la que los personajes se encuentran en la palabra, algo que hoy en día está bastante devaluado. Vivimos una época donde las palabras parece que ya no significan nada, desde los insultos en la política hasta las palabras de amor. Trabajar con dos personajes a los que la palabra les importa hacía que la novela pudiera tener todo ese espesor, no solo narrativo sino ensayístico.
-Además de los dos protagonistas de la novela, en Un amor sin futuro aparece Emily, esa joven que escribe y se prepara para mandar un escrito a un certamen.
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-No todos los que me preguntan sobre esta novela hacen hincapié en el personaje y para mí es central, porque la novela cuenta la historia de amor en primer plano pero la historia de Emily y la profesora también es una historia de amor en un punto. Hay como ese reflejo, esta idea de salvarse, qué se puede hacer con el talento, que es una pregunta para la cual nuestra época no tiene tantas respuestas. Otras épocas tenían más respuestas. Cuando te cruzás hoy -yo como docente, por ejemplo- con alguien con talento, es difícil decirle "andá por acá", porque es una época muy incierta. Hay gente talentosa que no logra nunca expresar su talento. No estoy hablando de ganar plata. Te diría que es la parte más autobiográfica de la novela porque lo veo todo el tiempo en los alumnos que llegan a mis clases. No se dan cuenta que tienen talento, y eso es muy hermoso. Pero, además, está la responsabilidad como docente de qué hacer con eso, de plantearse hasta dónde podés intervenir.
-En la novela hay una frase: "También la literatura era de gángsters y excluidos y ahora de los políticamente correctos y de las competencias con sponsors".
-La banalización de todo. Igualmente creo que es una época interesante porque parece que estamos en el borde de un abismo donde todo tiene que cambiar. Los modelos de vida que heredamos del siglo XX no parecen acordes. Me refiero a cómo vivir o qué es lo que el arte hacía. Una de las formas de ensayar cómo vivir es leer o ver buen cine. Vas aprendiendo a vivir y educando una sensibilidad en el arte y eso se banalizó tanto que se confunde lo que era el arte con productos culturales como los del streaming. Entrás a cualquier plataforma y vas a encontrar dos, cuatro, diez películas buenas dentro de un mar de basura. Y con la literatura pasa lo mismo. Cuando la gente dice que la literatura va a morir está confundiendo una montaña de libros comerciales con los libros que de verdad pueden hablarle al corazón. Esos libros siguen existiendo; lo que pasa es que es más difícil encontrarlos.
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-En la novela aparece una mención a Pascal: "la gente común incapaz de vida apasionada, carece de ardor necesario". Pensando en la juventud, que está tan presente en la novela, es posible trazar un puente con Neil Young y su "es mejor arder que desvanecerse".
-Uno piensa que si a los 20 años no estás dispuesto a poner todo, ¿qué vas a hacer después? Con la vida va a decaer tu energía, tu deseo. Lo que me interesaba, y por eso elegí contar una historia con diferencias de edad, es mostrar que alguien de casi 50 también puede tener eso. Me pasa cuando doy clases y siento que hay grupos de jóvenes que no tienen esa pasión, con demasiado miedo de expresarse, que tienen más ganas de parecerse a los demás que de ser diferentes. Algo que a me resulta contraintuitivo porque cuando tenía 20 años no quería parecerme al resto, pensaba que era única, como cualquier joven de mi época, creo. Ahora me parece que los aplasta la presión de tener que encajar en alguna especie de molde algorítmico. Creo que requiere mucho valor ser joven hoy. Y también envejecer. Me parece que esos dos extremos, en esta época, están jodidos.
-Al momento de la escritura, ese acto tan solitario, el autor está rodeado por los personajes, por todo ese universo. ¿Qué te sucede cuando terminás una novela?
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-Es el peor momento. Los buenos libros se escriben desde adentro. ¿Qué quiero decir? Estás metida adentro del libro, tiene una forma y después otra, y esa es parte de la razón para escribirlo. Cuando hablamos de estas novelas mecánicas te das cuenta de que están escritas desde afuera, con una fórmula. Con un autor que no puso el corazón, el cuerpo. Cuando escribís desde adentro estás metido en ese mundo que creaste, sos un pequeño dios. Cuando terminás, empieza el momento de la corrección donde podés ver cosas que no funcionan. Y además viene el bajón, que es como salir de ese mundo, del parque de diversiones, del viaje de drogas. Hay algo de duelo y de soledad, de esto que tenía todos los días esperándome. Ese mundo mío, que yo sola controlo, no está más. Ahora está terminado y es hora de ver si lo comparto con los demás.
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Perfil
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Betina González es autora de las novelas Arte menor, Las poseídas, América alucinada y Olimpia. Sus libros recibieron los premios Clarín, Tusquets y Fondo Nacional de las Artes. Es magíster en Escritura Creativa por la Universidad de Texas y doctora en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Pittsburgh.


