Ana Nores: "El desafío es que los tucumanos primero conozcan que tenemos vino"
La referente del Ente Tucumán Turismo participó de Encuentros LA GACETA. "No podemos promocionar afuera algo que no conocemos adentro", afirmó.

Ana Cristina Nores, referente de la Ruta del Vino de Tucumán del Ente Tucumán Turismo, sostuvo en "Encuentros LA GACETA: Vino y Territorio" que el desafío no es solamente producir más botellas, sino construir una experiencia alrededor de ellas. "La gente, además del vino, busca la historia que hay detrás del vino, el paisaje, la comunidad, el patrimonio y la cultura. Todo lo que implica esa botella hasta que llega a sus manos", señala.
Si hay una característica que distingue a los vinos tucumanos es la altura. Los viñedos ubicados en los Valles Calchaquíes se encuentran en zonas donde la amplitud térmica genera condiciones particulares para la uva. "Tenemos días con mucho sol, mucha radiación solar y a la noche temperaturas que pueden caer por debajo de cero grados. Eso hace que la uva se comporte de una forma diferente a otras regiones", explica.
Esa combinación genera uvas con piel más gruesa y vinos con mayor estructura. "Da como resultado un vino con mucho cuerpo, mucha intensidad de sabor", afirma.
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Juan Casañas, presidente del IDEP, también destacó en el encuentro algunas variedades que considera representativas de la provincia. "A mí me parece que Tucumán es tannat o torrontés", afirma. Según explica, el tannat tucumano tiene características diferentes al tradicional uruguayo por la influencia del sol y la altura. "La amplitud térmica y la cáscara gruesa hacen que sea un vino mucho más intenso y completo", señala.
Para Nores, el crecimiento de la Ruta del Vino tucumana depende de lograr que el visitante no llegue solamente a probar una copa, sino a quedarse con una historia. "Estamos trabajando mucho en la educación, en que primero los tucumanos conozcan que tenemos vino. No podemos promocionar afuera algo que no conocemos adentro", explica.
La propuesta incluye sumar nuevas bodegas y fortalecer los servicios vinculados al turismo. Aunque el desafío no termina en las bodegas. "No hablamos solamente de vino. También están la Ciudad Sagrada de Quilmes, el desierto de Tío Punco, el turismo rural comunitario, los paisajes y las comunidades", enumera.
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Por eso, sostiene que el vino puede funcionar como un hilo conductor para recorrer todo el valle. "La gente busca experiencias más que servicios turísticos. Muchas veces puede faltar alguna infraestructura, pero si tiene un encuentro con el bodeguero, conoce la planta, comparte un almuerzo criollo o escucha la historia del lugar, se lleva algo que no olvida", indica.


