El trabajo registrado profundizó su caída y el salario mínimo acumula un desplome del 40% desde 2023
Un nuevo informe volvió a encender las alarmas sobre el mercado laboral argentino: en abril se profundizó la pérdida de empleo formal y el salario mínimo real ya acumula una caída cercana al 40% desde fines de 2023. El ajuste económico sigue golpeando de lleno sobre trabajadores y familias.

El mercado laboral argentino sigue mostrando señales de deterioro. Según un informe difundido por Política Argentina, el trabajo registrado profundizó su caída en abril y el salario mínimo acumula un desplome cercano al 40% desde el inicio del actual ciclo económico.
El dato expone uno de los costados más sensibles del ajuste: no solo se pierden puestos formales, sino que también se reduce con fuerza el poder de compra de quienes todavía conservan ingresos. En otras palabras, hay menos empleo registrado y salarios que alcanzan cada vez menos.
El informe se apoya en datos del Área de Empleo, Distribución e Instituciones Laborales del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la UBA, que ya había advertido que el empleo formal seguía en baja y que el salario mínimo real se ubicaba en niveles muy deteriorados frente a los registros históricos.
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La pérdida del salario mínimo golpea especialmente a los sectores más vulnerables del mercado laboral, porque funciona como referencia para ingresos bajos, prestaciones, negociaciones salariales y programas sociales. Cuando ese piso se derrumba, se achica también la capacidad de consumo de millones de hogares.
El Gobierno nacional sostiene que los salarios del empleo privado registrado vienen mostrando señales de recuperación en algunos meses, e incluso la Secretaría de Trabajo informó que en abril el salario medio real del sector privado creció 1,3% respecto de marzo. Sin embargo, esa mejora puntual no logra revertir el deterioro acumulado ni alcanza para recomponer la situación de los trabajadores de menores ingresos.
La caída del empleo formal también preocupa porque refleja un freno en la actividad económica. Cuando las empresas venden menos, producen menos o enfrentan mayores costos, el impacto suele trasladarse primero a suspensiones, no renovación de contratos, retiros y finalmente despidos.
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El panorama se completa con un dato político de fondo: mientras el oficialismo insiste en que la recuperación está en marcha, el mundo del trabajo todavía no logra ver esa mejora en la vida cotidiana. Para buena parte de los trabajadores, la discusión no pasa por los indicadores financieros, sino por llegar a fin de mes, sostener el empleo y recuperar poder adquisitivo.
Con empleo registrado en baja y un salario mínimo que perdió cerca del 40% de su valor real, el ajuste vuelve a mostrar su cara más dura: menos trabajo formal, más presión sobre los ingresos y una recuperación que, por ahora, no llega al bolsillo.

